Nicolás Ferrera

Alter Ego.

¿Qué hice o deje de hacer para ser lo que soy? ¿qué fue lo que deje atrás para hoy estar haciendo esto? Siempre busco las respuestas, siempre. Creo que es hora de dejar de buscar las respuestas a lo que soy, lo que puedo ser y lo que fuí. Estoy aca, escribiendo, ¿acaso no era esto lo que querías? Te acordás, si te acordás. Quería esto hace unos años, ¿por qué ahora tengo que preocuparme por lo que quiero?; siempre cuestionándote todo vos.

¿Que pasó con la idea de rebaño? Fuiste parte de él, cuando no tenias ni un gramo de inteligencia para darte cuenta que eras parte de algo más, un engranaje dentro del sistema, una válvula que contenia dolor, frustración, miedo. Te despojaron de todo, ¿o me vas a decir que lo pasaste bien? Puede ser que lo hayas pasado bien, ¿pero los demás?. Los demás solo te importan ahora, cuando pudiste leer un poco y darte cuenta de lo que sos, de lo que querés ser, pero todavía no podés saber quien fuiste. No te preocupes, creo que nadie lo sabe, nadie sabe quien fue en realidad, porque eso se quedó atrás, fue la hoja dada vuelta, el viento se lo llevó todo, ¿o creés que están con vos las mismas personas que hace un tiempo? Fijate porque no estás más en todo caso, busca en el dolor, en la frustración y en el miedo.

Levanto la vista un momento, la música en mi cabeza suena de fondo y respiro profundo, los coros de las voces inquebrantables suenan una vez más, golpean con fuerza los tambores; ya no estoy dentro mio. Soy alguien más, pero no me siento perdido, creo que estoy en la dirección correcta. En donde el camino se hace más placentero, donde los cuestionamientos quedan atrás, al menos por un momento. Ves como sos, ya te estas preocupando, tranquilo, respirá, deja que la música suene, llevate la mano a la nariz y fijate que respiras calor y exhalas frío. Relajate, es el dolor que se está yendo, o quizás algo dentro tuyo quiera decir algo. Claro, son los coros inquebrantables, están latiendo junto a tu corazón ahora. Tus venas están hinchadas de tanta pasión, van a estallar de tanto latir. Tranquilo, es solo una voz interior. No soy un Dios, no soy nada de eso. Solo soy un pensamiento frío irrea. La diferencia es que las palabras se hicieron para describirme, en cambio vos, sos un ser que respira pero no puede entenderlo; vos te tranquilizas, pero no lo entendes; intentas entenderlo, pero no podés, porque no estas latiendo junto a mí.

¿No era que tenías todo bajo control hace unos años?, claro, es que no estabas viviendo. Probablemente, ni aún estes viviendo; en eso te pareces a mí, un simple y complejo pensamiento frío irreal. Formás parte de un mundo en donde pasan cosas, pero nadie lo transforma. ¿Quién es el encargado de juzgar lo que pasa en cada caso?, perdón, se que no querías más preguntas. ¿Qué pasa, no te gusta estar de este lado?. Me paseo por tu cabeza siempre, pero nunca me tuviste presente, hasta ahora. Mejor que te vayas acostumbrando a mí. Te pido perdón si soy duro o descortés, creeme que mi necesidad de caerte bien es inversamente proporcional a las ganas que tenés de escribir este texto. Me despreciaste, me pateaste como un trapo, me dejaste tirado ahí, donde nadie se atrevió a llegar; estuve muerto y estoy muerto. No resucitaré jamas, no voy a lamentar nada. Solo voy a contemplar la desidia de todos. ¿Qué se siente ser tratado así? No se si lo podrías explicar mejor que yo.

Ella sigue caminando la cornisa una y otra vez, nunca se cae porque el vacío de su pena es mucho más grande que el precipicio de la muerte. Incluso, es mucho mayor que el infinito, se perdió en alguna constelación de estrellas. ¿La extrañas? Se que si, confesalo. Ella es el punto de partida de todas tus alegrías, de todas tus mañanas de invierno en donde el sol salia solo para vos. Ella era tu calor, ¿por qué la dejaste ir?. La tristeza te está ganando el corazón, lo puedo sentir, hurgá en tu dolor, en tu fracaso, en tu pensamiento. ¿Qué más te esta pasando? Estas escupiendo sangre sobre un papel, tus venas son mi tinta, son mi creación. Soy el monstruo que se escondió en algún lugar de tu mente, no tengas miedo; si me conocieras no podrías mirarme a los ojos. Soy carne de tus lamentos y hambre de tus heridas; soy el espejo en donde jamás te observarías.

Se fue y quien sabe cuando va a volver, te quedaste estancado en algún lugar. Aunque debo reconocer, que fui yo quien se quedo atrapado en la nebulosa del tiempo. ¿Qué es el tiempo? No creo que exista. Sirve solamente para justificar porque llegamos tarde a todo, pero no es esa la verdad. Llegaste tarde a todo porque no supiste valorarlo; lo tuviste un momento y cuando empezaste a disfrutarlo, te lo quitaron o lo perdiste. Esa horrible sensación es lo peor que te puede pasar, pero es lo mejor que me sucedió. Pude conocerte, pude conocer a mi alter ego. Estoy hecho a prueba de balas, soy la autoflagelación subconsciente. Sentís un agujero en el pecho, esa bomba de venas y arterias que tenias se fue con ella; el lamento vuelve a acecharte. Las personas que están hoy quizás mañana no estén, y si están, procura ser lo menos injusta con ellos. Es un consejo que quiero darte, antes de que sigas preso de tu interior, cautivo del dolor y el sufrimiento, aterrado por el sufrimiento de pertenecer a lo que nunca pudiste ser. A estar en la fila de los conflictos, a permanecer callado en el estallido de tus entrañas, a tirar la toalla cuando aún te quede algo de aire para respirar, aunque sea el único movimiento voluntario que puedas hacer. Respira mientras puedas, y aguanta.

No voy a darte una razón para que creas en algo, no voy a escudarme en tu inercia, no voy a treparme a tus rejas heladas, esa cárcel no es para mí. Soy un hipócrita, soy la cárcel de tus miedos, pero trato de convencerte. La jaula es enorme, estoy muriendo cada vez más, y quizás eso te beneficie, porque estaré contigo siempre. No serás responsable de mi muerte, porque permaneceré hasta el último instante. No oirás mis suspiros, no oirás mis lamentos, no verás como me desintegro en un grito estremecedor. Cruzaré la vergüenza por última vez, no necesito una razón para seguir aquí. Seré testigo de mi destrucción; seré encasillado y arrojado al mar. De esa manera estarás con el tesoro que tantos anhelas, cuando deje de ocupar con mi presencia fría e irreal el lugar en donde ella merece estar en realidad. Mientras tanto, optaré por contar una y otra vez el tiempo de los mortales, escucharé esa canción que me trajo hasta aquí para saber de donde vengo y hacer menos solitaria mi partida. Dejo el pasaje de este mundo en la retina de tus sueños; ya no pertenezco a este lugar, este espacio vacio significa una limitación a mis intenciones.

Periodista, rosarino, nacido el 12 de octubre de 1988. Escritor (pero mucho más lector) y bloggero, supo transitar las aguas turbias de la música en tres notas en bares de mala muerte. Amante de la poesía como herramienta sintética y musa inspiradora para el pensamiento filosófico y crítico de la interpretación de la realidad. Hay que escribir para todos, dijo una vez Rodolfo Walsh y, después de él, nadie pudo hacerlo mejor. Para eso, habrá que escuchar, ver y sentir el latir del pueblo, de las mayorías; la única manera de conseguirlo es caminando a su lado. Podés leerme en Detrás de la Tormenta y en La Cosa Periodística.

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Una respuesta a Nicolás Ferrera

  1. Fiorella dijo:

    Me gusta tanto que me asusta. Simplemente excelente.

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